viernes, marzo 02, 2007

La moral de lo inmoral


En los últimos días se han ido sucediendo noticias e informaciones sobre el calentamiento mundial. Ha saltado la alarma, el mundo se nos muere. El asunto ahora está en boca de todos, es evidente, y parece ser que de una vez por todas el hombre se ha concienciado de lo que ha estado haciendo hasta ahora. Uno de los personajes que ha ayudado a que este tema se mantenga -¡por fin!- en la agenda pública es el ex-vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore que, con la publicación de un libro, el rodaje de un documental y la realización de numerosas conferencias de lo que el denomina “una verdad incómoda” y aprovechando la evidencia del cambio climático, se ha convertido en una especie de gurú del clima.

Por contra, están los intereses de grupos a los que les aterra la idea de que este asunto se convierta en una preocupación para el ciudadano medio y, por definición, de la esfera política. Estos grupos han intentado durante muchos años que la gente obviara el tema haciendo creer que el llamado cambio climático era una falacia. Lo lograron durante muchos años pero la verdad incómoda salió a flote junto con la evidencia del clima. Una realidad tan clara como la manzana madura que hizo pensar a Newton sobre la realidad de que las cosas caían para abajo por alguna extraña razón gravitacional y no por la divina providencia.
Estos grupos ahora han cambiado de estrategia, bueno, en realidad tienen dos tácticas. La primera es hacerle creer a la opinión pública que el daño ya está hecho y que no se puede hacer nada por remediarlo. Al grito de Carpe Diem, afirman que el mundo está en una situación idéntica a la del Titanic, mejor correr, gastar y vivir el momento que tratar de arreglarlo, porque no hay solución.

La verdad no es esa, se ha dañado mucho, es cierto, pero no todo está perdido, aún es el momento adecuado para actuar. La madre naturaleza y este planeta son tan nobles que si cambiamos, ellos lo agradecerán en forma de verde y azul, de buen tiempo, frío y calor. Lo dicen los científicos y expertos ambientales.

La otra táctica se hace eco en desacreditar a los exponentes y este asunto es el que le da título a este texto. Ahora han salido a flote unas informaciones que dicen que una casa de Al Gore consume cerca de 191.000 kilovatios cada hora, cuando la media de una casa de la zona es de 15.600 kw/h. El Tennessee Center for Policy Research ha publicado esto sin tener en cuenta que la casa de los Gore tiene una superficie de 930 m2 y que gran parte de la energía consumida se obtiene de fuentes renovables como el sol y el viento. No, eso no tiene importancia, lo importante es desacreditar al personaje y asumir que como no tiene una casa media norteamericana, es un hombre sin autoridad. Es la moralidad de los inmorales.

Es el filón que buscan los productores de ideologías, faltaría ver quien está detrás de esta institución de Nashville, porque al más puro estilo de la RAND Corporation o la COPE en España están intentando hacer contrainformación.

Comentarios:
En estos momentos que el tema empieza a ser de manejo popular la gran pregunta es que podemos hacer de cada uno de nosotros al respecto. No se trata solo de ir a ver un pelicula, ni de un minuto de protesta, es un problema de nuestros habitos, del cada día.

Más campañas sobre el tema:
http://www.foe.co.uk/campaigns/climate/big_ask/
 
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